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Djokovic en una racha de otro mundo

Redacción BBC Mundo

El serbio Novak Djokovic avanza hacia la cúspide del tenis luego de ganar 24 partidos y cuatro torneos consecutivos durante el 2011.

La irrupción de Novak Djokovic en la cúspide del tenis es un hecho consumado. Ha ganado 24 partidos y cuatro torneos consecutivos durante 2011, los dos últimos ante Rafael Nadal.

Pero la racha es más larga. Tiene 26 partidos ganados consecutivamente desde el 2010 y si gana el próximo, igualaría el récord que impuso Ivan Lendl en 1986 de más juegos victoriosos empezando un año.

En la final del Masters 1000 de Key Biscayne, en Florida, el español, tras aplastar en semifinales al suizo Roger Federer, no pudo desquitarse de su caída anterior en Indian Wells: el serbio ganó en tres sets, 4-6, 6-3 y 7-6.

El tenis, por ser un deporte individual, desgasta mucho la imagen de sus campeones. Hasta los grandes, como Roger Federer y Rafael Nadal, necesitan del estímulo y desafío de un rival, que les dé dimensión humana.

Ahora, tras una nueva victoria del serbio, se vuelve a hablar del ocaso de Federer (pero el suizo es un superviviente) y de una nueva rivalidad.

Ahora sería Nadal/Djokovic, o, como creen algunos, Djokovic/Nadal.

Ambos dijeron lo que debían decir, después del partido en Miami.

Nadal aseguró que "todavía no siento su aliento en el cogote".

Djokovic, a su vez, aclaró que "Rafa sigue siendo el número 1".

El alma de las fiestas

El serbio se ha mostrado intratable en las pistas duras del circuito estadounidense, como en la de Australia, pero ahora viene la campaña de torneos en pistas de tierra batida, que convienen al juego del español.

Nadal, además, espera mejorar el saque, que ha sido su debilidad más notable: en la final del domingo cometió seis faltas dobles en su servicio y su rival castigó duramente sus segundos saques, también débiles.

Decíamos que la previsibilidad es algo muy debilitante para los tenistas, que a lo largo del año siempre ven a los mismos rivales, los mismos aviones, los mismos vestuarios, hasta los mismos policías y periodistas.

Y dado que el tedio puede causar tanto daño como los malos resultados, es de suponerse que muchos profesionales del circuito agradecen la presencia y las bromas de Novak Djokovic, el alma de las fiestas.

El hombre tiene un típico carácter ganador, de esos que convierten los reveses en estímulos, en vez de anotarlos como causa de desaliento.

Muchos creyeron que había "tocado techo" en enero de 2008, cuando ganó el Abierto de Australia ante el francés Jo-Wilfried Tsonga.

En realidad, el serbio ha jugado cuatro finales de Grand Slam, todas ellas en superficies duras, en contraste con Federer y especialmente Nadal, que son más versátiles.

Perdió las dos del Abierto de Estados Unidos, en 2007 ante Federer y 2010 ante Nadal, y ganó las dos del Abierto de Australia, en 2008 ante Tsonga y en 2011 ante Andy Murray, uno de sus amigos del circuito.

Un personaje tan competitivo y conciente de la historia del tenis, como es Djokovic, seguramente tiene en cuenta que en su haber todavía no ha anotado una victoria en torneo de Grand Slam ante Roger o Rafael.

Esa es la deuda que el serbio se propone pagar este año, y todos estaremos esperando.

Se equivocan quienes crean que el carácter de nuestro personaje es despreocupado, como sugieren sus chistes e imitaciones de otros tenistas.

No, todo lo contrario. Trabaja en su juego y en su preparación física con una dedicación encomiable.

Durante un par de temporadas tuvo problemas respiratorios, que solucionó con una operación quirúrgica.

El saque

Su técnica también ha evolucionado y los especialistas destacan su nuevo saque, introducido el año pasado.

Al preparar el golpe a la pelota, durante el saque, Djokovic acostumbraba a perfilar su brazo derecho (el de la raqueta) en un ángulo de 110 grados.

En el segundo semestre de 2010, cambió a un ángulo de 90 grados, que le permite golpear la pelota más alta y alcanzar más velocidad y precisión.

En consecuencia, el mejoramiento, en términos estadísticos, fluctúa entre 33% y 67%.

Tomando en cuenta nada más que su rendimiento durante los dos últimos abiertos de Australia, ha pasado de un promedio de 6 ases (saque que el rival no puede contestar) por partido, a un promedio de 8 por partido.

En dobles faltas durante el saque, ha bajado de 6 a 2 por partido.

Y en pérdidas del servicio propio, de tres por partido a 1 por partido.

Uno de los especialistas que llaman la atención sobre la mejoría técnica de Djokovic es el australiano Pat Cash, ganador de Wimbledon en 1987.

En enero de este año, al comentar para el Times de Londres la inminente final Djokovic/Murray, el australiano pronosticó una "fácil" victoria del serbio. Y así fue, en sets corridos, 6-4, 6-2 y 6-3.

Cash sabía que sus lectores se sentirían defraudados por no darle ninguna posibilidad al británico, pero insistió en que "Djokovic es ahora el mejor tenista del mundo".

En superficies duras, tal vez, como ha ratificado ahora en Indian Wells y Key Bizcayne.

En tierra batida y césped es otra cosa. Y es allí donde le estará esperando Rafael Nadal.

Y, si tenemos suerte, también Roger Federer.