El colombiano Luis Felipe Ríos fue condenado a 16 años de cárcel en Nicaragua por "intrusión y revelación de secretos de Estado". Colombia continúa manteniendo un prudente silencio sobre el caso.
Nada más alejado de la figura de James Bond que Luis Felipe Ríos, el colombiano acusado de espionaje que este jueves fue sentenciado a 16 años de prisión en Nicaragua.
El escándalo, que estalló el 12 de junio pasado, en su momento acaparó los titulares en el país centroamericano, pero no ha generado mayor interés en Colombia, donde las autoridades han mantenido silencio y los medios han dado a entender que Ríos no es sino un profesional de la estafa.
La evidencia en contra del supuesto espía, sin embargo, fue considerada por las autoridades nicaragüenses lo suficientemente sólida como para causar baja deshonrosa de dos oficiales de sus fuerzas armadas, condenados a su vez a 17 años y medio de cárcel.
Y el colombiano, quien supuestamente espió al ejército nicaragüense por encargo de los servicios de inteligencia de su país, nunca ha negado los cargos.
Durante su juicio pidió disculpas al pueblo de Nicaragua y dio a entender que sus presuntos empleadores lo habían abandonado.
"El consulado colombiano sí está cumpliendo sus funciones. Las fuerzas militares y el gobierno colombiano no", dijo, sin ofrecer mayores detalles.
Buscado por estafa
El Ministerio de Defensa de Colombia, por su parte, no se ha referido al tema desde el 27 de junio pasado, cuando el titular de la cartera, Juan Carlos Pinzón, anunció una investigación sobre el caso.
Y consultado este jueves por BBC Mundo, el Ministerio de Defensa se limitó a informar que la investigación continuaba en proceso y aún no arrojaba resultados.
"Se han hecho averiguaciones y hasta el momento se sabe que este señor nunca ha sido parte de las Fuerzas Armadas", fue lo que explicó en su momento Pinzón.
"Pero se han mencionado los nombres de algunos oficiales de rango medio bajo y algunos de esos nombres sí corresponden a oficiales de las Fuerzas Armadas de Colombia, por lo que corresponde en ese caso es realizar una investigación", dijo el ministro, antes de revelar que Ríos era buscado por el delito de estafa.
Los medios locales posteriormente averiguaron que el supuesto espía enfrentaba en Colombia al menos 20 denuncias por estafa.
Y eso le permitió a muchos descartar al supuesto espía como un fraude.
¿Agente a sueldo?
Según Ríos, sin embargo, fueron precisamente sus problemas con la justicia los que lo llevaron a aceptar el espiar a Nicaragua.
Y al haberse desempeñado como corresponsal en Colombia del portal español especializada en temas de seguridad Defensa.com, tampoco se pueden negar sus contactos con militares colombianos.
De hecho, para el experto en temas de seguridad y relaciones internacionales de la Universidad Externado de Colombia Jairo Libreros, el curriculum de Ríos es típico de un "agente a sueldo".
"Por la experiencia laboral de este caballero, y por los problemas que tenía con la justicia colombiana era una persona fácilmente manipulable para los servicios de inteligencia colombianos", le dijo a BBC Mundo.
"Pero difícilmente un ministro de Defensa de cualquier país va a aceptar que un agente a sueldo adelantando labores de inteligencia en un país extranjero hace parte de su servicio de inteligencia".
"La gran mayoría de agentes de inteligencia que no hace parte orgánica de algún servicio de inteligencia no pueden esperar un tratamiento diferente", explicó.
Posibles razones
Libreros también hizo notar que a Colombia no le faltan razones para espiar a Nicaragua.
"Los intereses de política externa de Colombia giran en torno a conocer cuál es la agenda de los países del Alba. Y hay que tener en cuenta que Colombia tiene una disputa jurídica pacífica por un diferendo limítrofe marítimo que puede comprometer los intereses nacionales", dijo.
"El interés por conocer cuál podría ser la reacción de los militares (nicaragüenses) en el caso de que Nicaragua logre acceder a mayores porciones continentales y marítimas es del interés de Colombia, eso no se puede negar", agregó.
En cualquier caso el episodio no parece haber tensionado especialmente las relaciones diplomáticas entre las dos naciones. O por lo menos no de manera pública.
Y la falta de respuesta del Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia a las consultas de BBC Mundo con respecto al caso parecen confirmar que, en lo que al supuesto espía se refiere, las autoridades colombianas prefieren seguir apostando a un prudente silencio.
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